Una carretera estrecha, una montaña oscura y el mar entrando tierra adentro: así empiezan muchos de los mejores recuerdos en los fiordos de Islandia. Aquí reúno los paisajes más interesantes, las diferencias entre la costa oeste y la oriental, el tiempo necesario para recorrerlas y las claves para hacerlo con seguridad y respeto por la naturaleza.
La brújula rápida para elegir tu ruta
- Fiordos del Oeste: más aislados, salvajes y exigentes para conducir.
- Fiordos del Este: más accesibles y fáciles de combinar con la carretera circular.
- Mejor época: de junio a agosto para disponer de más horas de luz y mejores accesos.
- Tiempo mínimo: 2 o 3 días para el este y al menos 4 o 5 para disfrutar del oeste sin correr.
- Viaje responsable: acampa solo en lugares autorizados y nunca conduzcas fuera de las carreteras.

Dónde están los fiordos de Islandia y por qué son especiales
Un fiordo es un antiguo valle excavado por el hielo que terminó inundado por el mar. En Islandia, esas entradas de agua aparecen rodeadas de montañas de basalto, cascadas y pequeñas localidades pesqueras, con un paisaje que cambia constantemente según la luz y el tiempo.
Las dos grandes zonas son los Fiordos del Oeste, en el extremo noroccidental, y los Fiordos del Este, a lo largo de la costa oriental. No son destinos equivalentes. Yo los elegiría según el tipo de viaje: el oeste recompensa la paciencia y la soledad, mientras que el este encaja mejor en un recorrido por la Ring Road.
| Zona | Qué ofrece | Acceso | Tiempo recomendable |
|---|---|---|---|
| Fiordos del Oeste | Acantilados, playas remotas, cascadas y rutas poco transitadas | Carreteras sinuosas y numerosos tramos de grava | 4-7 días |
| Fiordos del Este | Pueblos portuarios, montañas escarpadas y miradores costeros | Más sencillo, con varios tramos próximos a la carretera 1 | 2-3 días |
La oficina turística oficial Visit Iceland presenta ambas áreas como regiones diferenciadas porque también lo son en ritmo, servicios y paisaje. En mi opinión, intentar verlas en una escapada muy corta suele convertir el viaje en una sucesión de kilómetros y paradas rápidas.
Los Fiordos del Oeste para buscar naturaleza sin multitudes
Vestfirðir, su nombre islandés, es la zona que elegiría quien quiere sentir que se ha alejado de las rutas más conocidas. Sus montañas tienen una forma escalonada muy característica y las carreteras bordean fiordos enormes donde todavía aparecen granjas aisladas, colonias de aves y pueblos pequeños.
Dynjandi y Arnarfjörður
La cascada Dynjandi desciende por la ladera como un gran abanico blanco. No es una caída vertical única, sino una sucesión de saltos que se ensanchan hacia la base, algo que se aprecia mucho mejor caminando por el sendero que conduce desde el aparcamiento.
El fiordo de Arnarfjörður permite combinar la visita con miradores y pequeños desvíos. Conviene reservar tiempo para el trayecto, porque las distancias engañan: una ruta corta sobre el mapa puede requerir varias horas por las curvas y el firme irregular.
Látrabjarg y Rauðasandur
Los acantilados de Látrabjarg son uno de los grandes lugares de observación de aves marinas. En verano pueden verse frailecillos y otras especies, pero el borde carece de muchas protecciones, así que el viento y la prudencia deben marcar la distancia.
Cerca se encuentra Rauðasandur, una playa de tonos rojizos y dorados que rompe con la imagen habitual de las playas negras islandesas. La marea, la niebla y el estado del acceso pueden modificar por completo la experiencia. Yo no la trataría como una parada rápida, sino como un lugar para caminar despacio y fotografiar sin acercarse a las zonas sensibles.
Hornstrandir para una experiencia verdaderamente remota
La reserva natural de Hornstrandir no tiene carreteras y normalmente se visita en barco o mediante rutas organizadas. Es una opción excelente para senderistas con experiencia, pero no para quien busca llegar en coche, aparcar y contemplar el paisaje desde un mirador.
Su aislamiento es precisamente su mayor atractivo. También exige más preparación, ya que hay pocos servicios, la meteorología puede cambiar en minutos y no todos los senderos son adecuados para principiantes.
Los Fiordos del Este para combinar paisaje y pueblos costeros
La costa oriental resulta más cómoda para una primera aproximación. La carretera circular pasa por buena parte de la región y permite enlazar montañas, cascadas, playas y localidades marineras sin abandonar durante muchos kilómetros la ruta principal.
Seyðisfjörður y Mjóifjörður
Seyðisfjörður es probablemente el pueblo más conocido del este. Sus casas de colores, el ambiente artístico y la carretera que baja entre montañas lo convierten en una parada muy completa, no solo en un lugar bonito para hacer una fotografía.
Mjóifjörður ofrece una experiencia más silenciosa. Es uno de esos desvíos que merecen la pena cuando el cielo está despejado y se dispone de tiempo, pero que pueden resultar poco prácticos con lluvia intensa, niebla o nieve. En Islandia, el mismo camino puede ser una maravilla por la mañana y una mala decisión por la tarde.
Reyðarfjörður, Fáskrúðsfjörður y Berufjörður
Estos fiordos muestran una Islandia más ligada a la vida portuaria. Los pueblos son pequeños, pero permiten comprender que no se trata solo de un escenario natural: hay pesca, alojamientos familiares, museos locales y restaurantes que dependen de una temporada turística equilibrada.
En la zona oriental también hay posibilidades de observar renos, focas y aves marinas, aunque la fauna no aparece bajo demanda. La mejor práctica consiste en llevar prismáticos, reducir la velocidad y evitar perseguir animales para conseguir una fotografía.
Cómo organizar una ruta segura y realista
Para visitar solo los Fiordos del Este, reservaría dos o tres días completos. Es un tiempo razonable para detenerse en varios pueblos, hacer caminatas cortas y no convertir cada jornada en una carrera contra el reloj.
En los Fiordos del Oeste intentaría disponer de cuatro o cinco días como mínimo. Si además se quieren incluir Hornstrandir, Látrabjarg o rutas de senderismo largas, una semana resulta mucho más cómoda.
La temporada cambia el viaje
- Junio a agosto: más horas de luz, mayor disponibilidad de excursiones y mejores posibilidades de acceso.
- Mayo y septiembre: menos visitantes, pero más incertidumbre meteorológica y algunos servicios limitados.
- De octubre a abril: paisaje invernal espectacular, aunque puede haber cierres, hielo, viento fuerte y pocas horas de luz.
Antes de salir revisaría siempre el estado de las carreteras y la previsión meteorológica del día. No basta con consultar el pronóstico de Reikiavik, porque las condiciones de un fiordo pueden ser completamente distintas a las de la capital.
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Grava, carreteras F y combustible
Una carretera de grava no es automáticamente una carretera F. Algunos tramos de los fiordos pueden recorrerse con un turismo convencional si las condiciones lo permiten, mientras que las carreteras de montaña señalizadas con F tienen requisitos específicos y suelen exigir un vehículo 4x4.
También planificaría el combustible con margen. Las estaciones y supermercados no aparecen a cada pocos kilómetros, especialmente en el oeste. Llevar comida, agua, mapas sin conexión y una batería externa evita depender de una cobertura móvil que puede desaparecer durante largos tramos.
Para viajar en camper, usaría campings autorizados y comprobaría sus fechas de apertura. La acampada libre con vehículos no es una alternativa general en Islandia, y dormir junto a un fiordo no justifica incumplir las normas locales.
Cómo disfrutar de los fiordos sin dañar el entorno
El paisaje parece resistente, pero la vegetación islandesa crece lentamente y puede tardar años en recuperarse de una sola pisada. Por eso mantendría los vehículos en las rutas señalizadas, seguiría los senderos y evitaría caminar sobre musgo, dunas o zonas de anidación.
La observación de aves requiere distancia y calma. No conviene acercarse al borde de los acantilados, bloquear el paso en un mirador ni utilizar drones cerca de colonias. Para mí, una buena fotografía es la que conserva el comportamiento natural del animal, no la que obliga a perseguirlo.
Otra decisión sencilla es quedarse dos noches en una misma localidad en lugar de cambiar de alojamiento continuamente. Reduce desplazamientos, reparte mejor el gasto entre negocios locales y deja tiempo para conocer el lugar cuando la mayoría de los visitantes ya se ha marchado.
El turismo sostenible aquí no consiste en renunciar a la aventura. Consiste en conducir más despacio, consumir en los pueblos, respetar los cierres y aceptar que a veces la naturaleza gana la partida y obliga a cambiar el plan.
La ruta que elegiría según el tiempo disponible
Con menos de una semana, escogería los Fiordos del Este porque se integran mejor con la carretera circular y ofrecen una mezcla equilibrada de paisaje, pueblos y servicios. Son una opción sensata para un primer viaje o para quienes viajan con niños.
Con una semana completa dedicada a esta zona, preferiría los Fiordos del Oeste. Requieren más paciencia, pero entregan una sensación de aislamiento difícil de encontrar en los lugares más visitados del país. No intentaría recorrer ambas regiones deprisa: la experiencia pierde calidad y aumenta el cansancio al volante.
La mejor imagen de los fiordos no siempre aparece en el mirador famoso. Muchas veces surge en una parada imprevista, cuando el viento afloja, una cascada aparece entre las nubes y el viajero tiene tiempo suficiente para quedarse allí sin mirar el reloj.