¿Qué puede haber a casi 11.000 metros bajo la superficie del Pacífico? La fosa de las Marianas es mucho más que un récord de profundidad: es una ventana a la tectónica, a la vida extrema y a los límites reales de la exploración oceánica. Aquí reúno sus medidas, su origen, los organismos que la habitan, cómo se ha estudiado y por qué protegerla también forma parte de una mirada responsable sobre la naturaleza.
Lo esencial para entender el abismo más profundo del océano
- Ubicación: está en el Pacífico occidental, al este de Filipinas y al suroeste de Guam.
- Profundidad máxima: Challenger Deep alcanza aproximadamente 10.935 metros, aunque las mediciones varían según el método.
- Origen: se formó por la subducción de la placa del Pacífico bajo la placa del mar de Filipinas.
- Condiciones: allí reinan la oscuridad, el frío y una presión cercana a 1.000 atmósferas.
- Exploración: solo unos pocos vehículos tripulados han llegado al fondo, y la mayor parte del entorno sigue sin estudiarse.

Qué es y dónde está la fosa de las Marianas
Se trata de una larga depresión submarina con forma de arco situada en el Pacífico occidental. Se encuentra al este de Filipinas, cerca del archipiélago de las Marianas, y su punto más famoso está a varios cientos de kilómetros al suroeste de Guam. No es un agujero aislado, sino una estructura geológica de más de 2.500 kilómetros de longitud y unos 69 kilómetros de anchura media.
La zona más profunda recibe el nombre de Challenger Deep. Conviene distinguir ambos conceptos: la fosa es todo el sistema geológico, mientras que Challenger Deep es el sector concreto donde se registra la mayor profundidad conocida del océano. Esta diferencia evita uno de los errores más habituales al hablar del lugar.
El nombre procede de la expedición del buque británico HMS Challenger, que realizó mediciones pioneras en el siglo XIX. Sus instrumentos eran mucho más rudimentarios que los actuales, pero ya demostraron que aquella región escondía una profundidad extraordinaria.
Cómo se formó una profundidad tan extrema
El origen está en la subducción, un proceso por el que una placa tectónica se introduce por debajo de otra y desciende hacia el manto terrestre. En este caso, la antigua y densa placa del Pacífico se hunde bajo la placa del mar de Filipinas, deformando el fondo oceánico y creando una zanja muy profunda.
La misma dinámica explica la presencia del arco volcánico de las Marianas. Mientras una parte de la placa se hunde, otra zona genera magma que puede alimentar volcanes submarinos e islas volcánicas. Por eso, la fosa no debe entenderse como un accidente geográfico independiente, sino como una pieza de un sistema tectónico activo.
Según NOAA, esta región combina la trinchera, cuencas de trasarco, volcanes submarinos y zonas hidrotermales. A mí me parece una de las claves para comprenderla: bajo una apariencia oscura y aparentemente inmóvil existe un paisaje geológico que continúa transformándose.
Cuánto mide y qué significa llegar al fondo
La cifra más aceptada para Challenger Deep es de unos 10.935 metros bajo el nivel medio del mar, con un margen de error aproximado de seis metros en mediciones modernas. No existe una única cifra universal porque el fondo no es perfectamente plano y los resultados dependen de la tecnología, la ruta del vehículo y las correcciones aplicadas.
| Aspecto | Dato aproximado | Qué significa |
|---|---|---|
| Profundidad máxima | 10.935 metros | Es el punto más profundo conocido del océano. |
| Longitud de la fosa | Más de 2.500 kilómetros | No es una cavidad puntual, sino un sistema enorme. |
| Presión en el fondo | Cerca de 1.000 atmósferas | Equivale a unas ocho toneladas por pulgada cuadrada. |
| Luz solar | Ausente | La fotosíntesis no puede sostener la vida allí. |
La comparación con el Everest ayuda a imaginar la escala. Si se colocara la montaña más alta del planeta en el fondo de Challenger Deep, todavía quedaría agua por encima de su cima. Sin embargo, yo prefiero no reducir todo a una competición de récords, porque lo verdaderamente impresionante es la combinación de profundidad, presión, oscuridad y aislamiento.
La presión aumenta aproximadamente una atmósfera por cada diez metros de profundidad. A casi 11 kilómetros, cualquier equipo debe soportar fuerzas capaces de deformar materiales, dañar sensores y comprometer las juntas más pequeñas. Por eso, llegar abajo es solo una parte del desafío: también hay que descender, trabajar, recoger muestras y regresar con datos fiables.
Qué vida puede existir sin luz solar
La ausencia de luz no significa ausencia de vida. En esta zona, conocida como hadal cuando supera los 6.000 metros, los organismos dependen de restos orgánicos que caen desde aguas superiores, de microorganismos y de reacciones químicas que no necesitan luz solar.
Se han encontrado bacterias, foraminíferos y pequeños invertebrados adaptados a la presión extrema. Algunos microorganismos son piezófilos, es decir, funcionan mejor bajo presiones muy elevadas. Sus enzimas y membranas celulares presentan adaptaciones que serían poco eficaces en la superficie.
También se han observado anfípodos, animales parecidos a pequeños crustáceos, y pepinos de mar en zonas profundas. No conviene imaginar un ecosistema lleno de grandes depredadores, porque el alimento es escaso y llega de forma irregular. Lo habitual es encontrar comunidades dispersas, eficientes y muy especializadas.
Un aspecto que suele pasarse por alto es que las muestras pueden alterarse durante el ascenso. Al pasar de aproximadamente 1.000 atmósferas a la presión superficial, algunos organismos pierden sus condiciones normales y mueren. Por eso, una muestra recuperada no siempre representa fielmente cómo funciona la vida en su ambiente original.
Cómo se ha explorado y por qué sigue siendo inaccesible
La primera llegada tripulada al fondo ocurrió el 23 de enero de 1960, cuando Jacques Piccard y Don Walsh descendieron en el batiscafo Trieste. Más de cinco décadas después, James Cameron realizó una inmersión en solitario en 2012 con el vehículo DEEPSEA CHALLENGER, diseñado para soportar la presión de las grandes profundidades.
Las expediciones actuales recurren sobre todo a vehículos no tripulados, como sondas, landers y robots operados o autónomos. Estos sistemas pueden permanecer más tiempo en el fondo, tomar imágenes, medir parámetros químicos y recoger sedimentos sin poner en riesgo a una tripulación.
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Qué se puede investigar allí
- Geología para entender cómo se hunden las placas y cómo se recicla la corteza oceánica.
- Microbiología para estudiar organismos capaces de vivir bajo presión extrema.
- Oceanografía para medir corrientes, temperatura, sonido y composición del agua.
- Contaminación para comprobar hasta qué punto los residuos humanos alcanzan las zonas más remotas.
La exploración tiene límites claros. Un vehículo puede costar millones, necesita un buque de apoyo y trabaja con una ventana meteorológica concreta. Además, cartografiar un área no equivale a conocerla por completo: todavía hay sectores sin observar directamente y muchas especies no han sido identificadas.
Por qué proteger este lugar también nos concierne
Aunque parezca demasiado remoto para verse afectado por nuestra actividad, el fondo oceánico recibe residuos transportados por las corrientes y partículas que descienden desde la superficie. En una región donde los organismos crecen lentamente y la recuperación puede ser muy difícil, una alteración aparentemente pequeña puede tener consecuencias prolongadas.
La protección también importa porque el océano profundo participa en ciclos globales de carbono, nutrientes y calor. Estudiar sus sedimentos permite reconstruir cambios ambientales del pasado y entender mejor cómo responde el planeta a la actividad humana.
Para quien viaja por naturaleza desde España, la relación no pasa por visitar físicamente el fondo. No existe allí un turismo convencional ni una forma segura de hacer submarinismo recreativo. La opción responsable consiste en conocer el lugar mediante museos, documentales, divulgación científica y proyectos de conservación, sin fomentar expediciones privadas que prioricen el espectáculo sobre la investigación.
Mi recomendación es mirar este paisaje como una parte del patrimonio natural común. La curiosidad puede acercarnos a él, pero la prudencia debe decidir cómo lo estudiamos y qué huella dejamos incluso en los lugares que nunca podremos pisar.
La verdadera lección que deja Challenger Deep
La mayor profundidad del océano no es solo una cifra para memorizar. Es el resultado visible de la tectónica de placas, un refugio para formas de vida especializadas y un recordatorio de cuánto queda por conocer bajo la superficie.
Cuando pienso en este lugar, lo más importante no es quién llegó primero ni qué récord se registró. Me quedo con una idea más útil para cualquier aficionado a la naturaleza: proteger lo desconocido exige estudiarlo con paciencia, porque la falta de imágenes o de visitantes no significa que un ecosistema carezca de valor.