Una antigua línea ferroviaria puede convertirse en una de las mejores formas de descubrir Navarra y Gipuzkoa sin prisas. La Vía Verde del Plazaola permite caminar o pedalear entre bosques, caseríos, estaciones recuperadas, puentes y numerosos túneles, aunque no todos sus tramos tienen la misma dificultad ni el mismo tipo de firme. Aquí explico cómo organizar la ruta, qué etapas merecen más la pena, dónde empezar y qué precauciones conviene tomar.
Una ruta ferroviaria de 78 kilómetros entre Pamplona y Andoain
- Longitud: aproximadamente 78 km entre Pamplona/Iruña y Andoain.
- Recorrido: lineal, con posibilidad de hacer solo los tramos más atractivos.
- Paisaje: hayedos, robledales, riberas, prados y antiguos elementos ferroviarios.
- Túneles: más de 50 en el itinerario completo, incluido el de Uitzi, de 2,7 km.
- Consejo práctico: para una primera visita, elegiría Lekunberri como base.

Qué recorrido tiene la Vía Verde del Plazaola
El itinerario sigue buena parte del trazado del antiguo tren que conectó Pamplona con San Sebastián entre comienzos y mediados del siglo XX. Hoy suma unos 78 kilómetros acondicionados, desde el entorno de Pamplona hasta Andoain, aunque algunos enlaces y accesos urbanos requieren prestar atención a la señalización.
La ruta es lineal, no circular. Eso influye mucho en la planificación, porque terminar en un punto distinto al de salida obliga a prever transporte de regreso, contratar un servicio de traslado o dividir el recorrido en etapas con alojamiento. Yo no intentaría completar todo el trayecto a pie en una sola jornada: se disfruta mucho más al elegir un sector concreto.
| Etapa | Distancia aproximada | Mejor opción |
|---|---|---|
| Andoain - estación de Leitza | 26,5 km | Bicicleta o senderismo de jornada completa |
| Leitza - estación de Lekunberri | 15,3 km | Bicicleta, paseo largo o excursión familiar activa |
| Lekunberri - Irurtzun | 13,9 km | Bicicleta y senderismo por etapas |
| Irurtzun - Pamplona/Iruña | 21,7 km | Cicloturismo, con más atención a los desniveles |
Las distancias pueden variar ligeramente según el punto exacto de acceso y la forma de contar los enlaces. La cifra importante para organizarse es que se trata de una ruta de largo recorrido, con tramos muy sencillos y otros menos uniformes.
Los tramos que elegiría según el tipo de viaje
De Lekunberri a Leitza para ver túneles y bosque
Este es, para mí, el tramo más redondo para una primera experiencia. Tiene alrededor de 15 kilómetros, un firme de tierra compactada y una sucesión de túneles que mantiene el recorrido entretenido incluso para quienes no suelen hacer grandes rutas.
El túnel de Uitzi, con sus 2,7 kilómetros, es el gran protagonista. Está iluminado, pero llevar un frontal o una pequeña linterna sigue siendo una decisión sensata. La luz puede fallar y, además, una iluminación propia permite hacerse visible a otros ciclistas.
La combinación de sombra, humedad y escaso tráfico motorizado hace que este sector sea especialmente agradable en días calurosos. En temporada de lluvias, sin embargo, el suelo puede estar embarrado y los túneles resultar resbaladizos.
De Leitza hacia Andoain para una jornada ciclista
Desde Leitza hacia el límite con Gipuzkoa y después en dirección a Andoain, el trazado ofrece largos descensos suaves y un paisaje muy ligado al valle de Leitzaran. Hay bosques frondosos, caseríos, antiguos aprovechamientos industriales, centrales hidroeléctricas, viaductos y restos de estaciones.
La pendiente favorable no significa que sea un paseo sin esfuerzo. En bicicleta, el reto está en la distancia y en el regreso. Si se rueda hasta Andoain, conviene reservar entre 6 y 8 horas de actividad contando paradas, fotos y descansos, y confirmar antes cómo volver al punto de partida.
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De Lekunberri hacia Irurtzun para una salida corta
El entorno de Lekunberri permite diseñar recorridos más breves, como la salida hacia Mugiro o la continuación hacia los antiguos sectores ferroviarios próximos a Uitzi. Es una buena elección para familias y para quienes prefieren probar el terreno antes de comprometerse con una etapa larga.
Hay una excepción importante. El acceso hacia Mugiro incluye una subida intensa de poco más de un kilómetro, por lo que no conviene valorar toda la zona como completamente llana. Con niños pequeños o bicicletas sin asistencia, yo elegiría el sentido y la distancia con cuidado.
Cómo preparar la ruta sin llevarse sorpresas
La primera decisión es escoger el medio de transporte. A pie se puede disfrutar mejor del silencio, los túneles y los detalles del paisaje, pero las distancias lineales exigen organizar noches intermedias. En bicicleta se cubre más terreno y resulta fácil unir varios sectores, aunque el firme irregular de algunas zonas reduce la velocidad.
- Para familias: empezar por un tramo corto cerca de Lekunberri y regresar por el mismo camino.
- Para cicloturismo: dividir el recorrido en dos o tres jornadas y reservar alojamiento antes de los fines de semana.
- Para senderismo: usar las etapas oficiales como referencia, pero ajustar la distancia a la meteorología y al grupo.
- Para movilidad reducida: consultar el tramo exacto, ya que existen sectores accesibles, pero la ruta completa no tiene una superficie uniforme.
La ruta no tiene peaje, pero el presupuesto real depende del alquiler de bicicletas, el alojamiento y el transporte de vuelta. En Lekunberri se ofrecen servicios de alquiler y traslado, aunque las condiciones y tarifas pueden cambiar según la temporada. Yo confirmaría disponibilidad antes de viajar, sobre todo en verano.
También revisaría el estado de los túneles y posibles obras el mismo día o la víspera. En una vía con decenas de galerías, un cierre puntual puede obligar a modificar el itinerario o utilizar un desvío por carretera.
Firme, desniveles y seguridad en los túneles
El pavimento combina tierra compactada y tramos asfaltados. Una bicicleta híbrida, de trekking o gravel suele resultar más adecuada que una bicicleta de carretera. Para caminar, unas zapatillas con buena suela bastan en condiciones secas, pero el calzado impermeable gana sentido después de varios días de lluvia.
Los túneles son frescos incluso en verano y pueden tener agua en el suelo. Dentro conviene reducir la velocidad, encender las luces y evitar circular en paralelo. Los peatones deben caminar por un lateral, especialmente en las galerías largas, donde el sonido de una bicicleta puede llegar tarde.
El tramo entre Andoain y el límite con Navarra presenta sectores de firme más irregular, mientras que cerca de Irurtzun aparecen desniveles más exigentes. Por eso, la etiqueta de dificultad baja que aparece en algunas fichas debe entenderse como una valoración general, no como una garantía de comodidad en cada kilómetro.
En mi planificación siempre incluyo agua, algo de comida, una batería externa y un kit básico para la bicicleta. Los servicios no están repartidos de forma uniforme y quedarse sin agua en un tramo boscoso puede convertir una excursión sencilla en una experiencia incómoda.
Qué ver además del camino ferroviario
El atractivo de esta vía verde no está solo en avanzar de un pueblo a otro. Las antiguas estaciones de Lekunberri y Leitza ayudan a entender la historia del tren, mientras que los puentes, viaductos, presas y restos industriales muestran cómo el ferrocarril transformó estos valles.
El paisaje cambia de forma gradual. En Navarra predominan los prados, los caseríos y los bosques húmedos; hacia Leitzaran, el valle se estrecha y gana protagonismo el río. Ese cambio es una de las razones por las que prefiero recorrerla sin prisas, con tiempo para detenerme en los elementos que normalmente pasan desapercibidos desde una bicicleta.
Lekunberri funciona bien como centro logístico porque reúne oficina de turismo, restauración, alojamiento y servicios relacionados con la ruta. Leitza también permite organizar una etapa con más ambiente local. Andoain, por su conexión ferroviaria, puede ser el final más práctico para quienes no quieren depender exclusivamente del coche.
Si se viaja en camping o autocaravana, elegiría el alojamiento y el aparcamiento con antelación y respetaría las zonas autorizadas. La vía atraviesa espacios naturales y áreas rurales donde la tranquilidad depende mucho de no aparcar fuera de lugar, no dejar residuos y no bloquear accesos a caseríos.
Una forma sencilla de convertirla en un viaje sostenible
Para una escapada equilibrada, yo dedicaría dos días al recorrido. El primero puede centrarse en Lekunberri, Mugiro y el sector hacia Uitzi; el segundo, en Leitza y el descenso hacia Leitzaran, siempre que la logística de regreso esté resuelta.
Quien disponga de más tiempo puede hacer una travesía de tres jornadas, durmiendo en localidades del recorrido y consumiendo en comercios y restaurantes próximos. Así la experiencia deja de ser únicamente una actividad deportiva y se convierte en una manera más lenta de conocer la Navarra húmeda y el interior guipuzcoano.
La mejor decisión no es recorrer más kilómetros, sino escoger el tramo que encaja con el grupo, la bicicleta y el tiempo disponible. Con esa pequeña planificación, la antigua vía del Plazaola ofrece naturaleza, historia y ejercicio en una ruta accesible para muchos perfiles, pero suficientemente variada para no resultar monótona.